La vez que nos vieron por las calles de Puebla

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sábado, 4 de abril de 2026

Cuando la evidencia incomoda: el rechazo gubernamental a toda crítica no afín y la normalización del absurdo

 

El jueves pasado, durante la presentación de mi examen, el Dr. Leonardo Valdés Zurita me planteó si las violaciones a derechos humanos deben entenderse como un fenómeno coyuntural o estructural y, en ese sentido, si dichas violaciones son producto del tipo de cuerpo de seguridad empleado como mecanismo de contención.

Mi respuesta la articulé en dos ejes. En primer lugar, sostuve que no se trata de un fenómeno coyuntural —o, en todo caso, no meramente coyuntural—, sino sistemático. Esto se debe a que, a partir de una delimitación espacio-temporal precisa, las violaciones a derechos humanos que analizo se presentan de manera constante desde el inicio del gobierno de Andrés Manuel López Obrador. Si bien una coyuntura política podría, en teoría, modificar estas prácticas y abandonar conductas de corte autoritario, el escenario actual persiste porque tales violaciones son promovidas, toleradas e incluso alentadas desde los distintos órdenes de gobierno. Ello ocurre a pesar de que el discurso oficial no sea abiertamente securitizante. El despliegue permanente de elementos de la Guardia Nacional constituye, en sí mismo, una evidencia fáctica de esta lógica.

En segundo lugar, argumenté que el propio cuerpo de seguridad utilizado constituye el núcleo del problema. Los elementos de la Guardia Nacional son, en los hechos, elementos del Ejército mexicano y no fuerzas civiles. Mientras estos actores permanezcan desempeñando funciones para las que no deberían estar destinados, será imposible erradicar las violaciones a derechos humanos. Imposible.

Hoy siguen empeñados en el absurdo:

México rechaza informe

 

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